En muchos edificios, el grupo de presión es una instalación que pasa desapercibida. Mientras el agua llega con normalidad a todos los grifos, nadie piensa en él.
Pero llega el momento en el que algo empieza a fallar (la presión baja, el agua llega con menos fuerza a los pisos altos o la bomba hace ruidos extraños) y se convierte de repente en una preocupación para los vecinos.
En ese momento está claro: una avería (con el gasto que conlleva). Pero ¿inevitable o un mantenimiento frecuente lo hubiera impedido?
Qué es una avería en un grupo de presión
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Aparece cuando algún elemento del sistema deja de funcionar como debe y el grupo de presión ya no puede mantener el suministro de agua en las condiciones necesarias.
Esto puede manifestarse de distintas formas.
A veces el primer síntoma es una pérdida clara de presión, especialmente en las plantas más altas del edificio.
En otros casos, la bomba empieza a arrancar continuamente, el sistema hace más ruido de lo habitual o aparecen cambios bruscos de presión cuando se abre un grifo.
También puede ocurrir que el equipo deje de funcionar directamente y el suministro de agua se vea afectado de forma más evidente.

¿Por qué se avería un grupo de presión?
Las causas de una avería pueden ser muy diversas.
El desgaste natural de las piezas es uno de los más habituales, sobre todo en instalaciones que llevan años funcionando, y también pueden empezar a fallar sus componentes (presostatos, válvulas, sensores o elementos eléctricos del sistema).
En otras ocasiones, el problema puede estar relacionado con fugas, desajustes en la presión del sistema o incluso con un funcionamiento continuado en condiciones que no son las más adecuadas.
Cuando se produce una avería, es necesaria la intervención de un técnico para reparar o sustituir los elementos dañados. Dependiendo del tipo de problema, la reparación puede ser sencilla o requerir una intervención más compleja.
El inconveniente es que, cuando se llega a este punto, el fallo ya ha afectado al funcionamiento del equipo, no solo de una pieza que se cambia y sigue con normalidad. Llegado este momento, la reparación es siempre más costosa que haber detectado el problema antes.
Qué es el mantenimiento de un grupo de presión
El mantenimiento, por otro lado, tiene un objetivo diferente: no consiste en reparar algo que ya está roto, sino en revisar el sistema de forma periódica para asegurarse de que todo funciona correctamente.
¿Que se hace en el mantenimiento?
Durante estas revisiones, el técnico comprueba los componentes esenciales del grupo de presión para verificar que trabajan como deben hacerlo: revisa el estado de las bombas, el funcionamiento de los sistemas de control de presión, las válvulas, el calderín y las conexiones del sistema.
No solo eso, sino que realiza comprobaciones de presión, revisa posibles fugas y analiza señales que indiquen desgaste o un funcionamiento irregular.
El objetivo principal es detectar pequeñas anomalías antes de que se conviertan en una avería real.
El mantenimiento es el momento en el que se identifican componentes que empiezan a deteriorarse o se detectan ajustes que conviene corregir. Actuar en ese momento es siempre mucho más sencillo y económico que esperar a que el sistema falle por completo.
Por eso el mantenimiento se considera una parte fundamental del buen funcionamiento de este tipo de instalaciones.
Por qué muchas averías se podrían evitar
Una idea bastante extendida es que las averías aparecen de forma inesperada, como si el equipo dejara de funcionar de un momento a otro. Sin embargo, en la mayoría de los casos no es así y podrían haberse evitado.
Lo que pasa es que el sistema lleva tiempo mostrando pequeñas señales de que algo no funciona del todo bien y no se le ha hecho mucho caso:
- Una bomba que arranca con demasiada frecuencia indica que el calderín ha perdido presión o que hay algún desajuste en el sistema.
- Un pequeño descenso en la presión del agua está relacionado con un problema en alguna válvula o con un desgaste en algún componente.
- El consumo eléctrico del equipo empieza a aumentar porque el sistema está trabajando con más esfuerzo del necesario.
Cuando estas señales pasan desapercibidas durante mucho tiempo, el problema termina creciendo hasta que el grupo de presión ya no puede funcionar correctamente.
En ese momento es cuando aparece la avería.
El mantenimiento periódico detecta estas pequeñas señales antes de que se conviertan en un fallo importante y costoso. Gracias a él, se pueden corregir ajustes, sustituir piezas que empiezan a deteriorarse o prevenir problemas que, de otro modo, llegan a afectar al suministro de agua del edificio.

¿Cómo se hace el mantenimiento de un grupo de presión?
Cada instalación tiene características propias, pero hay elementos que se revisan en la mayoría de mantenimientos de grupos de presión.
Uno de los puntos clave es el estado de las bombas, que son el corazón del sistema. Se comprueba su funcionamiento, posibles vibraciones anormales, ruidos o signos de desgaste que puedan indicar un problema futuro.
También se revisan los sistemas que controlan la presión del agua. Estos elementos son los que permiten que el sistema arranque y se detenga en el momento adecuado para mantener una presión estable en todo el edificio.
El calderín o depósito de presión es otro componente importante. Su función es ayudar a estabilizar la presión del sistema y evitar que las bombas tengan que arrancar constantemente. Por eso es importante comprobar que mantiene la presión correcta y que no presenta pérdidas.
Además, durante el mantenimiento se revisan válvulas, conexiones, elementos eléctricos y posibles fugas en la instalación.
Todas estas comprobaciones de manera frecuente te aseguran que el sistema funciona de forma equilibrada y eficiente durante muchos años.
Las consecuencias de no hacer mantenimiento
Cuando un grupo de presión funciona durante mucho tiempo sin revisiones, es más probable que aparezcan problemas que podrían haberse evitado.
Uno de los más habituales es el aumento del desgaste en los equipos. Si el sistema trabaja con presiones mal ajustadas o con componentes deteriorados, las bombas están obligadas a trabajar con más esfuerzo del necesario. Esto acelera el deterioro y acorta la vida útil del equipo.
También es más probable que aparezcan averías inesperadas que obliguen a intervenir con urgencia. En edificios con muchas viviendas, esto acarrea muchas molestias para los vecinos porque el suministro de agua se ve afectado.
Otro aspecto que a veces pasa desapercibido es el consumo energético. Un grupo de presión mal ajustado o con problemas en sus componentes consume más electricidad de la necesaria, lo que aumenta el coste de funcionamiento general de la instalación.
En definitiva, la diferencia entre avería y mantenimiento es bastante clara: mientras la primera aparece cuando el sistema ya ha dejado de funcionar correctamente y necesita una reparación, el mantenimiento permite prevenirlas tan solo con revisar periódicamente el equipo y sus componentes.



































