Muchas empresas piensan que el control de la legionela es algo que “les pilla lejos”. Que solo afecta a grandes industrias o a instalaciones muy concretas, y la realidad es que no siempre es así.
La legionela no avisa, no se ve y no huele.
La legionela puede estar presente en instalaciones muy habituales y, si no se controla correctamente, supone un riesgo para la salud y también un problema legal importante.
Es fundamental tener claro cuándo existe obligación de controlar la legionela, porque es algo que hay que tomarse en serio.
Qué es la legionela y qué riesgo supone
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Una bacteria que puede aparecer en sistemas de agua cuando se dan ciertas condiciones, como temperaturas templadas, estancamiento del agua o falta de mantenimiento.
El problema no es solo que exista, sino cómo se transmite: a través de pequeñas gotas de agua en suspensión que se inhalan. Por eso, hay instalaciones que pueden convertirse en un foco de riesgo si no se controlan adecuadamente, porque un brote de legionela puede llegar a tener consecuencias muy graves, tanto para la salud de las personas.

Entonces, ¿es obligatorio controlar la legionela?
La respuesta corta es: depende de las instalaciones, no tanto del tipo de empresa.
La normativa no dice que “todas las empresas” estén obligadas, pero sí establece que cualquier titular de una instalación de riesgo debe aplicar medidas de prevención y control de esta bacteria.
Es decir, la obligación no viene por el tamaño del negocio ni por su actividad principal, sino por los sistemas de agua que tenga.
Qué dice la normativa sobre el control de la legionela
En nuestro país, el control de la legionela está regulado por normativa sanitaria que establece:
Qué instalaciones se consideran de riesgo.
Qué medidas de prevención deben aplicarse.
La obligación de disponer de un plan de control.
La frecuencia de revisiones, limpiezas y análisis.
El objetivo no es complicar la vida a las empresas, sino prevenir riesgos para la salud pública, aunque hay que reconocer que el texto legal puede resultar denso, la idea principal es sencilla: si tienes una instalación donde la legionela puede proliferar, eres responsable de controlarla.
Instalaciones donde existe obligación de control
Sin entrar en listados interminables, hay algunos sistemas de agua que, por sus características, requieren especial atención. Hablamos, por ejemplo, de instalaciones donde el agua se mantiene a temperaturas favorables para la bacteria, se producen aerosoles o pequeñas gotas de agua o puede haber acumulación o estancamiento.
En estos casos, la normativa exige aplicar medidas preventivas, realizar controles periódicos y dejar constancia documental de todo lo que se está haciendo y cómo.
Si tu empresa cuenta con este tipo de instalaciones y no realiza ningún control, sí estás incumpliendo la normativa, aunque lo haga por desconocimiento.
No saberlo no exime de responsabilidad
Uno de los errores más habituales es pensar que, si nunca ha habido un problema, no pasa nada. Pero a nivel legal y sanitario, eso no funciona así.
Si se produce una inspección o un incidente y no existe un plan de prevención y control de la legionela, la empresa titular de la instalación es la responsable, y las consecuencias pueden ir desde sanciones económicas hasta problemas mucho más serios.
Por eso, el control de la legionela no debes verlo como un trámite, sino como una medida de seguridad básica.

Qué es un plan de prevención y control de la legionela
La normativa, como decimos, exige que las instalaciones de riesgo cuenten con un plan de prevención y control, adaptado a cada caso concreto. Este plan no es un documento genérico que se guarda en un cajón y se olvida, sino una herramienta práctica que recoge: cómo es la instalación, qué riesgos existen, qué tareas de mantenimiento se realizan y cada cuánto tiempo se hacen controles, limpiezas y análisis.
Además, debes mantenerlo actualizado y ajustar los cambios que pueda tener la instalación con el tiempo.
Por qué no basta con “hacer una limpieza de vez en cuando”
Otro error bastante común es pensar que con una limpieza puntual es suficiente. El control de la legionela es un proceso continuo, no una acción aislada, por eso mismo, la normativa exige seguimiento, registros y revisiones periódicas, no actuaciones improvisadas.
Date cuenta de que sin un control regular es mucho más fácil que aparezcan condiciones favorables para la bacteria, y que si se actúa tarde, cuando el riesgo ya existe, el problema se agudiza.
La prevención siempre es más sencilla, segura y económica que una actuación de urgencia.
Por qué contar con un servicio profesional de control de legionela
Hemos visto las obligaciones que establece la normativa, pero no exige que la empresa lo haga todo por su cuenta. De hecho, lo más habitual es contar con un servicio profesional especializado, que se encargue de:
Evaluar la instalación.
Mantener la documentación al día.
Diseñar el plan de prevención y control.
Realizar los controles y tratamientos necesarios.
Esto no solo garantiza que se cumpla la normativa, sino que se haga de forma correcta y adaptada a cada instalación. El control de la legionela no es algo opcional cuando se tienen instalaciones de riesgo y la normativa es clara en este sentido, aunque muchas veces no se conozca en detalle.
En definitiva: si existe obligación, no cumplirla tiene consecuencias importantes. Y si no existe, contar con asesoramiento profesional es la mejor forma de confirmarlo y quedarse tranquilo.
La clave está en informarse, prevenir y actuar con criterio, siempre antes de que surja el problema.




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